"...mientras la imaginación da cuerpo a formas desconocidas, la pluma del poeta las convierte en figuras, y a la etérea nada le otorga una residencia y un nombre." W. Shakespeare, El sueño de una noche de verano, V, i, 14-17

sábado, 26 de diciembre de 2015

"Necesita esforzarse más"

Hace no mucho comentábamos alrededor de una mesa acerca de si un suspenso puede ser o no motivador, en el sentido de que despierte, espabile, ponga las pilas a ese alumno que puede aprobar sin problemas pero que por no haber estudiado o vaya usted a saber por qué, no logra el aprobado (o el sobresaliente).

Reconozco que no han sido una ni dos veces las que he hecho eso con algún alumno que "necesitaba espabilarse", y sí, confieso que en la mayoría de las ocasiones ha funcionado, el alumno se ha puesto las pilas y se ha "esforzado" por esa nota que deseaba.

Recuerdo como alumno una vez (no sé si la única) en la que me hicieron eso: suspenso en una asignatura con observación del profesor "necesita esforzarse más", acompañado de las palabras mágicas "ponte las pilas que puedes sacar mucho más". Pues eso fue lo que hice, claro, recuperé la evaluación y aprobé las siguientes. Ahora, si me preguntáis si aprendí algo en esa asignatura... sinceramente, no tengo recuerdo de ello.

Cuando utilizamos las notas como herramienta de control, como muestra de autoridad, lo que le estamos transmitiendo al alumnado es un "tú verás lo que haces, pero para aprobar o para el sobresaliente tienes que hacer esto, esto y esto", desde una posición inmóvil, fija, predefinida. Es el alumnado el que tiene que cambiar y adaptarse a lo que propongo. Soy yo el que ejerzo el poder en el aula y marco los mínimos para conseguir tal o cual calificación, y el que quiera aprobar ya sabe lo que tiene que hacer. Además, este sistema seguro que es super efectivo: los alumnos se matan a coger apuntes, no tienen tiempo ni de murmurar en clase, hacen los ejercicios correspondiente, estudian, se esfuerzan, hacen el examen y seguramente aprueban. Seguimos, por tanto, perpetuando los modelos clásicos de enseñanza.

La alternativa, claro, sencilla no es. Atender a la diversidad del alumnado, adaptarse a sus inquietudes, flexibilizando los objetivos y contenidos de las "rígidas" asignaturas, renegar del libro de texto, de la programación hecha y rehecha de cursos anteriores... Atreverse a perder el control de la clase, a olvidarse de las pruebas externas, a convivir con la incertidumbre de si estoy haciendo lo que se supone que tengo que hacer,... ¿Y cuándo preparo todo esto? ¿Y qué pasa con el libro, si tengo que terminarlo? ¿Y cómo evalúo?

Todos los que nos dedicamos a esta profesión hemos tenido ambas experiencias. Seguramente la mayoría seguimos la metodología clásica, y de vez en cuando hacemos algún "proyecto" o actividad "diferente". ¿En cuál han aprendido más? ¿En cuál han disfrutado más? ¿En cuál han cooperado más? ¿En cuál estaban más motivados y han participado más? ¿En cuál he disfrutado yo más? La respuesta, creo, la tenemos clara, porque la hemos vivido en primera persona.

Sin prisas, sin agobios, pero vayamos incorporando a nuestra práctica docente actividades que conecten con las inquietudes y deseos de nuestro alumnado. Nuestra labor no es sólo que aprueben, ni tan si quiera que sólo aprendan, sino que desarrollen el gusto y el placer de seguir aprendiendo.

2 comentarios:

  1. Habrá q seguir juntándose alrededor de la mesa para pensar cómo se pueden cambiar poco a poco más cosas en el mundo de la educación. Gracias por la reflexión.

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