"...mientras la imaginación da cuerpo a formas desconocidas, la pluma del poeta las convierte en figuras, y a la etérea nada le otorga una residencia y un nombre." W. Shakespeare, El sueño de una noche de verano, V, i, 14-17

domingo, 24 de julio de 2016

Educando en beta estable

Una vez terminado el curso, y con la perspectiva que pueden dar unos días de vacaciones, comparto algunas ideas, certezas y vivencias en torno a este manido tema de la innovación educativa, inspiradas en el día a día conversaciones entre compañeros y compañeras de faena.

Para el final de este post, he encontrado este artículo de Andrés Ortega titulado Vivir en beta para ser invencibles al cambio, y que aprovecharé para "adaptarlo" al mundo educativo.

Wikipedia define una fase beta de desarrollo, como la primera versión completa de un programa informático o de otro producto, que es posible que sea inestable pero útil, generalmente utilizada para la corrección de errores del mismo.

Vivir en beta, en constante revisión por uno mismo y por los demás. Vivir en desarrollo y mejora continua. En la escuela también, podemos ser educadores y educadoras en beta. En un mundo tan líquido, tan cambiante, los contenidos que se enseñan (y con suerte se aprenden) en la escuela no son los únicos necesarios para adaptarse a la sociedad del S. XXI, incluso si queremos transformarla y cambiarla. En palabras de Alvin Toffler: "Los iletrados del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender". Es por tanto imprescindible incidir en la importancia de la competencia de aprender a aprender como eje del acto educativo.

Educar en beta, más que hacer un montón de actividades "modernas" o "innovadoras", es una actitud de enfrentarse a nuestros quehaceres educativos, una manera de vivir el trabajo de educador como una gran oportunidad de seguir aprendiendo tanto de los compañeros como del alumnado. Evidentemente, educar en beta supone introducir cambios metodológicos y evaluativos, pero sobre todo, lo veo como más como una actitud de estar abiertos a la incertidumbre y de ser permeables al cambio, a estar dispuestos a salir de nuestra zona de confort, a arriesgarnos a perder el "control" del aula, a sentirnos tan aprendices como nuestros alumnos.

Suena bien, ¿verdad? Como titula Andrés Ortega, vivir así nos hace invencibles al cambio.

PRINCIPIO DE INCERTIDUMBRE
Sin embargo, a esta visión, que la considero tremendamente válida y cuyo discurso comparto casi por completo, le veo dos problemas o aspectos a considerar:

Por un lado, caer en el relativismo de valores, principios y finalidades que orienten la labor educativa. En un momento de gran mediatización del "tema educativo" considero importante tener claros los principios y finalidades educativas más nucleares, para que estas no estén a la deriva de los vaivenes de las demandas del mercado educativo. A diario llegan innumerables ofertas formativas de no sé qué nuevo método o innovadorisísima teoría pedagógica, despampanantes modelos y bondades de tal o cual aparato o App educativa. Es imprescindible el filtrar y seleccionar estas maravillosas ofertas..., pero ¿en base a qué? En este sentido, valoro como de gran ayuda y muy clarificadora, la labor realizada durante este curso para concretar las así llamadas "Finalidades Educativas", es decir, definir el perfil del alumnado que queremos "conseguir" y la aportación social del centro educativo. 

Teniendo claras estas finalidades, podremos derivar de ellas las metodologías pedagógicas que concretaremos en el centro. Este enfoque nos sirve de primer filtro para descartar o valorar las distintas "innovaciones" metodológicas o tecnológicas que se quieran introducir. Testearlas, probarlas en el aula, adaptarlas si es necesario y en último término incorporarlas o desecharlas. De esta manera podremos decir que los métodos y las herramientas concretas sí están en fase beta de revisión continua, pero siempre desde la estabilidad y certezas que dan unas finalidades y principios bien definidos.

Por otro lado, el vivir en beta puede acarrear el agotamiento mental, y por ende físico, que supone el "tener que" vivir en la incertidumbre, reflexionando y cuestionando las propias prácticas, actualizándote y reciclándote constantemente, moviéndote en espacios educativos en los que no estar en primera línea introduciendo "nuevas" metodologías y tecnologías supone el sentimiento de quedarte descolgado o no ser un "profe innovador". Más aún cuando uno mismo, por el cargo que tiene, es la persona que le corresponde "liderar" el proceso de reflexión, motivación y aplicación de la innovación pedagógica en un centro educativo.

Al hilo del agotamiento mental reflexiona el filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han en su ensayo La sociedad del cansancio, "El exceso de positividad está conduciendo a una sociedad del cansancio. La sociedad que ha acuñado el eslogan "Yes We Can" produce individuos agotados, fracasados y depresivos. La explotación a la que uno mismo se somete es mucho peor que la externa, ya que se ayuda del sentimiento de libertad. Esta forma de explotación resulta, asimismo, mucho más eficiente y productiva debido a que el individuo decide voluntariamente explotarse a sí mismo hasta la extenuación." 

Por tanto, dos caras de una misma moneda, las bondades y virtudes del sentirse abierto a las nuevas experiencias y los peligros de caminar sin rumbo o desvanecerse en ese viaje.

Como he comentado al comienzo de la entrada, voy a concluir esta con unas preguntas para reflexionar a raíz de algunas indicaciones u orientaciones para vivir en beta que aporta Andrés Ortega en su artículo:
  • Revisar lo que creemos saber constantemente 
  • No dar por sentado ninguna de las certezas que creemos nos rodean
¿Nos dejamos interpelar por compañeros, alumnos? ¿Estamos abiertos a recoger sus propuestas de cambio y mejora? ¿Educamos al alumnado en preguntar, en generar hipótesis, en contrastar sus "verdades" con otros compañeros, familiares?
  • Cuestionar los paradigmas en los que crecimos
Quizá la labor del profesorado sea una de las que menos ha evolucionado históricamente. Si bien hemos recibido formación pedagógica en la universidad y anualmente en los propios centros, la mayoría de nosotros reflejamos y repetimos las prácticas educativas que vivimos (y sufrimos) como alumnos. Nuestra mochila de relato pedagógico es muy pesada y cuesta mucho desprendernos de ella. No sólo en lo referido al método y la evaluación, sino a los roles educativos y de relación maestro-alumno que se dan en el aula. ¿Cómo desprendernos de esa mochila? ¿Cómo actualizar los roles de los educadores y del alumnado para la escuela del siglo XXI?
  • Apreciar el aroma de la equivocación
  • Poner en marcha algo sabiendo que está inacabado e imperfecto
No creo que haya mejor manera de aprender que haciendo y rehaciendo, juntando ideas con otros compañeros, recibiendo el feedback del alumnado para pulir y mejorar las estrategias de aprendizaje que ponemos en marcha. 

Demandamos formación y más formación antes de introducir una innovación. Jamás tendremos la certeza de que una práctica saldrá perfecta la primera vez que la hagamos. Qué mejor que contrastar con los compañeros de ciclo el boceto de la idea que nos ha surgido para reelaborarla, darle más valor y poder aplicarla de manera conjunta. ¿Cómo puedo recoger la opinión de colegas y alumnado sobre mis prácticas educativas? La satisfacción mostrada por los equipos de profesores cuando se juntan para crear un proyecto, los momentos de aplicarlo y sobre todo, el momento de ver los resultados del mismo y sentir el gozo de que el trabajo en grupo ha dado sus frutos. ¿Cómo podemos provocar espacios para compartir ideas y crear juntos nuevos proyectos? ¿La manera que tenemos organizadas nuestras reuniones de claustro facilitan o dificultan esta labor? Y al hilo de esto, la que creo más importante...
  • Saltar al vacío aunque sea con miedo y sin red
Aún siendo una imagen excesiva, la metáfora me parece preciosa y por ello ha sido la que he utilizado este curso para motivar al claustro, pero con la salvedad de que era un salto en grupo. Salto al vacío, pero en el que mientras caemos vamos de la mano y somos capaces de hacer formas maravillosas, proyectos apasionantes y motivantes para el alumnado.¿Quién es la persona de mi claustro que necesita un empujón? ¿Quién necesita que le demos la mano en este viaje?

¿SALTAMOS?
Desconozco si técnicamente las versiones beta pueden ser estables en sí mismas o no, pero creo que sólo es posible vivir y educar en actitud beta teniendo claro el sentido (para qué) de lo que hacemos y siendo capaces de ir regulando tiempos, tensiones, proyectos y fuerzas si de verdad queremos no ser esclavos de ella.

Vivir y educar en beta estable.

¿Será posible?
Puede ser. 
Puede que todo siga igual. 
También puede que no sea así.
"Principio de incertidumbre"

martes, 5 de enero de 2016

#melopidoEDU

Siguiendo con el hilo #MeLoPidoEDU que se está desarrollando por Twitter, aprovecho este espacio para escribir mi carta de deseos educativos para este año, dejando antes bien claro, que he sido muy bueno y me he portado muy bien. ¡¡Espero que llegue a tiempo!!

ILUSIÓN DEPOSITADA

  1. Reorganizar la disposición del aula y comenzar a trabajar por grupos de base e implementar el trabajo cooperativo como elemento básico y transversal.
  2. Desarrollar algún proyecto de comprensión. En un primer momento aprovechando alguna propuesta editorial o compartida en la red, para después realizar uno más abierto y flexible.
  3. ¡¡Jugar en clase!!
  4. Un blog de clase para que el alumnado, profesorado y familias escriban, compartan, comenten,... Aprendan.
  5. Profundizar, concretar y dinamizar nuestro proyecto de innovación educativa.
  6. Paciencia..., mucha paciencia....
  7. Escaparme algún día para re-tomar esos cafés tan ricos en #EduCafeBilbao
  8. Escuchar más a las alumnas y alumnos... aprender de ellos.
  9. Crear, ensayar, ensayar, ensayar y ensayar e interpretar algún número musical u obra de teatro para nuestro alumnado a final de curso. ¿Seremos capaces?
  10. Y dedicar más tiempo a escribir en este blog, :)

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Llaves

LLAVES
Llaves que te acompañaron aquel septiembre.

Llaves frágiles que agitabas inquieta, mientras expresabas 
alegría...,
nunca lo sabré.

Dulces llaves que acompañan tus melodías favoritas,
tus caminares de pasos de bailarina.

Llaves confidentes que me hacen entender
lo que no pueden expresar tus labios. 

Llaves inocentes que te conectan con los demás,
que me conectan contigo.

Llaves maestras que se adentran en oxidadas cerraduras
y que sanan al abrir esos mismos resortes protegidos.

Gracias.


sábado, 26 de diciembre de 2015

"Necesita esforzarse más"

Hace no mucho comentábamos alrededor de una mesa acerca de si un suspenso puede ser o no motivador, en el sentido de que despierte, espabile, ponga las pilas a ese alumno que puede aprobar sin problemas pero que por no haber estudiado o vaya usted a saber por qué, no logra el aprobado (o el sobresaliente).

Reconozco que no han sido una ni dos veces las que he hecho eso con algún alumno que "necesitaba espabilarse", y sí, confieso que en la mayoría de las ocasiones ha funcionado, el alumno se ha puesto las pilas y se ha "esforzado" por esa nota que deseaba.

Recuerdo como alumno una vez (no sé si la única) en la que me hicieron eso: suspenso en una asignatura con observación del profesor "necesita esforzarse más", acompañado de las palabras mágicas "ponte las pilas que puedes sacar mucho más". Pues eso fue lo que hice, claro, recuperé la evaluación y aprobé las siguientes. Ahora, si me preguntáis si aprendí algo en esa asignatura... sinceramente, no tengo recuerdo de ello.

Cuando utilizamos las notas como herramienta de control, como muestra de autoridad, lo que le estamos transmitiendo al alumnado es un "tú verás lo que haces, pero para aprobar o para el sobresaliente tienes que hacer esto, esto y esto", desde una posición inmóvil, fija, predefinida. Es el alumnado el que tiene que cambiar y adaptarse a lo que propongo. Soy yo el que ejerzo el poder en el aula y marco los mínimos para conseguir tal o cual calificación, y el que quiera aprobar ya sabe lo que tiene que hacer. Además, este sistema seguro que es super efectivo: los alumnos se matan a coger apuntes, no tienen tiempo ni de murmurar en clase, hacen los ejercicios correspondiente, estudian, se esfuerzan, hacen el examen y seguramente aprueban. Seguimos, por tanto, perpetuando los modelos clásicos de enseñanza.

La alternativa, claro, sencilla no es. Atender a la diversidad del alumnado, adaptarse a sus inquietudes, flexibilizando los objetivos y contenidos de las "rígidas" asignaturas, renegar del libro de texto, de la programación hecha y rehecha de cursos anteriores... Atreverse a perder el control de la clase, a olvidarse de las pruebas externas, a convivir con la incertidumbre de si estoy haciendo lo que se supone que tengo que hacer,... ¿Y cuándo preparo todo esto? ¿Y qué pasa con el libro, si tengo que terminarlo? ¿Y cómo evalúo?

Todos los que nos dedicamos a esta profesión hemos tenido ambas experiencias. Seguramente la mayoría seguimos la metodología clásica, y de vez en cuando hacemos algún "proyecto" o actividad "diferente". ¿En cuál han aprendido más? ¿En cuál han disfrutado más? ¿En cuál han cooperado más? ¿En cuál estaban más motivados y han participado más? ¿En cuál he disfrutado yo más? La respuesta, creo, la tenemos clara, porque la hemos vivido en primera persona.

Sin prisas, sin agobios, pero vayamos incorporando a nuestra práctica docente actividades que conecten con las inquietudes y deseos de nuestro alumnado. Nuestra labor no es sólo que aprueben, ni tan si quiera que sólo aprendan, sino que desarrollen el gusto y el placer de seguir aprendiendo.

viernes, 24 de julio de 2015

Resumen del Curso de verano de la UPV: La competencia digital en el marco de una educación abierta

Interesantes 3 días en el Palacio Miramar de Donostia aprendiendo sobre el desarrollo de la competencia digital en el mundo educativo, a través del Curso de verano de la UPV: "La competencia digital en el marco de una educación abierta", dirigido por Josi Sierra y Mikel Agirregabiria, y del que compartimos su programa, blog e hilo de Twitter #H8Ikanos, así como los vídeos emitidos en streaming y editados por el propio Josi Sierra.

Comenzamos con una primera jornada para asentar las bases teóricas del Marco Europeo de Competencia Digital, desarrolladas mediante el proyecto DIGCOMP, el cual ha identificado sus componentes y descriptores.

En Euskadi, este proyecto ha tomado forma bajo el nombre de IKANOS, en el que desde su web se explicitan sus objetivos: "Desarrollada por el Gobierno Vasco en el marco de despliegue de la Agenda Digital de Euskadi 2015, el objetivo principal de IKANOS es promover la difusión e impulsar la adopción en Euskadi del Marco Europeo de Competencias Digitales, nuevas formas de aprendizaje y sistemas de certificación." Ana Vitorica, directora del programa Ikanos, fue la encargada de explicarnos este ilusionante y ambicioso proyecto.

Posteriormente, con Anusca Ferrari, investigadora freelance sobre competencia digital, hemos analizado sus 21 subcompetencias y realizado un perfil del profesorado digitalmente competente: Informado, conectado, productivo (creativo), ético y que reflexiona.


Para cerrar la jornada, Xabier Garagorri, Profesor de la facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universidad del País Vasco, y asesor del Departamento de Educación del GV, ha situado la competencia digital dentro del marco de Heziberri 2020. Como dato importante, las competencias comunicativa y digital se engloban en una sola, y actúan como transversales a todas las demás. Aunque sólo sea una propuesta teórica, marca una clara vía de avance en lo que respecta a la inclusión de lo digital en el proceso educativo.

Competencias básicas según el modelo Heziberri 2020

La segunda jornada, sin duda la más enriquecedora de las tres, fue un taller monográfico sobre los PLE, dinamizado por el gran David Álvarez, y que por fin tuve la suerte de saludar en persona.
Apoyado en la siguiente presentación, no sólo pudimos enmarcar, elaborar y compartir nuestros PLEs, sino que también realizamos una tentativa (en nuestro caso, fallida) de elaborar un OLE de un ciclo de docentes.


El marco teórico que sustenta el aprendizaje mediante PLEs, se basa sobre todo en la importancia de la competencia de aprender a aprender. En un mundo tan líquido, tan cambiante, los contenidos que se enseñan (y con suerte se aprenden) en la escuela no son los únicos necesarios para adaptarse a la sociedad del S. XXI, incluso para cambiarla. En palabras de Alvin Toffler: Los iletrados del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender".  Al hilo de esta frase, recomiendo el siguiente artículo de Alex Pombo, profesor de Primaria en mi centro.

Una segunda idea alrededor del PLE es el enfoque de aprendizaje en red, conectado que plantea. El PLE no es una caja de herramientas con las que aprendo, sino que sobre todo, es la red de personas de/con las que aprendo, mis conexiones, el PLN (red personal de aprendizaje). Stephen Downes afirmó que "El conocimiento es un estado de la red, el aprendizaje es la creación de una red." ¡Qué importante sería aprovechar las redes existentes en nuestros propios claustros para crear proyectos de aprendizaje, para aprender unos de otros! Tarea pendiente la que tenemos.

Tras un momento para crear y compartir nuestros PLEs, entramos de lleno en el último bloque del taller, la creación del PLE de una organización. En este momento, David enfatizó la educación informal, los grupos informales, como espacios de mayor aprendizaje compartido. Más allá de los grupos de trabajo (ciclos, equipos, departamentos,...), las grandes conexiones, y por tanto aprendizajes, se dan a través de las "comunidades de práctica", reuniones informales de personas interesadas en un tema en el que ponen en común experiencias, reflexiones, ideas, sueños, éxitos, fracasos... Un ejemplo claro de estas comunidades de práctica, es el #EduCaféBilbao, espacio para la reunión de personas interesadas en los vaivenes de la educación.

Aunque es cierto que estas comunidades informales de práctica generan gran número de conexiones y aprendizajes, el reto es convertir los espacios formales en verdaderos espacios de creación de aprendizajes. Romper el corsé que nos convierte en espacio de gestión más que espacio de comunicación y aprendizaje. No es que las comunidades informales creen más aprendizaje, es que tenemos desaprovechado un gran potencial en cada ciclo, en cada departamento de trabajo.

En la jornada del miércoles comenzamos hablando de la Open Education o Educación abierta mediante una interesante charla impartida por Carlos Castaño, profesor de la E.U, de Magisterio de Leioa UPV. Como aspectos destacables, dos. Por un lado la importancia del trabajo educativo en espacios y plataformas abiertas y compartidas, elaborando contenidos educativos "abiertos", tal y como promueve este movimiento: "El conocimiento es abierto si cualquiera es libre para acceder a él, usarlo, modificarlo y compartirlo bajo condiciones que, como mucho, preserven su autoría y su apertura." Por otro lado, se citaron unos cuantos modelos pedagógicos que pueden ser aplicables para la formación del profesorado en lo digital, aspecto que Carlos consideró como prioritario para hablar de inclusión de la tecnología en la educación: TPACK, Taxonomía de Bloom, SAMR, Rueda de la pedagogía 4.0... Personalmente, aún valorando positivamente cualquiera de estos modelos, considero que la clave para la formación del profesorado no está en ninguno de ellos. Para mí la clave de todo este embrollo no es más que la actitud y motivación del profesorado a salir de su zona de confort, y para ello no hay otra manera que acompañar al profesorado, incidir en la relación personal y educativa, estar presentes, dar seguridad, quitar miedos,... Sencillo y a la vez un enorme reto.

Continuamos la mañana con una interesante mesa de experiencias de los tres grandes entidades educativas de nuestra comunidad: Igone Azpiroz de la Escuela Pública, Alfonso Tejedor de Kristau Eskola y Josune Gereka de Ikastolen Elkartea. Como enlaces interesantes, destacamos el programa AuKEra de Kristau Eskola para la mejora tecnológica de los centros de la red, y el proyecto EKI de las Ikastolas para el desarrollo del Currículum vasco basado en las competencias educativas básicas y en la integración de la tecnología.

Por último, cerramos el día y el curso con una mesa redonda compuesta por Anusca Ferrari, David Álvarez, Alfonso Tejedor y Josune Gereka. Volvieron a salir temas recurrentes como tecnología-metodología, la evaluación final-sumativa-punitiva vs. la evaluación continua-autorregulada-compartida, la creación de espacios para compartir buenas prácticas educativas, la formación del profesorado,...

Para añadir al resumen, comparto tres recursos:
  1. Storify de la jornada
  2. Resumen visual a cargo de Garbiñe Larralde
  3. Vídeo con las valoraciones personales que algunos de los asistentes al curso


jueves, 16 de julio de 2015

Perdóname

Perdóname.

Perdóname por mandarte callar,
por no escucharte,
por no descubrirte
Alumno difuminado
detrás de libros y apuntes.

Perdóname por no ayudarte a desarrollar tus pasiones,
por despreciar tus inquietudes,
por convertir tu aburrimiento
en déficit de atención.

Perdóname por no acompañarte,
por atarme al libro de texto,
por evaluarte igual que a los demás,
por ser el único juez de tu aprendizaje.

Perdóname por gritarte,
por decir de ti que eres un vago,
que pierdes el tiempo en clase,
por no perderlo contigo.

Perdóname.

Desarrollando la competencia digital en la escuela

Comparto aquí la presentación para el taller de la Escuela de Verano de las Escuelas Pías de la provincia de Emaús.

Con algunos cambios respecto al presentado el curso pasado, en esta ocasión nos centramos en desglosar las distintas áreas de la competencia digital, y aprovechamos para autoevaluarnos sobre ella y valorar vías de avance. 

La competencia digital contempla como propia en el ámbito de la Resolución de problemas, la detección de estas vías de avance. Sin duda, la mejor manera para detectarlas, es la elaboración del llamado Entorno Personal de Aprendizaje (PLE), para plasmar de forma gráfica las herramientas que utilizo para mi aprendizaje, y en un segundo momento, detectar necesidades de aprendizaje.

Más que la elaboración del mapa en sí, lo realmente enriquecedor fue el momento en el que pusimos en común y compartimos los PLEs, y nos dimos cuenta de la red de aprendizaje que tenemos alrededor.

El PLE, como herramienta o excusa para la reflexión personal me parece excelente, pero tengo la sensación de que el gran potencial radica en las conexiones de aprendizaje que puede llegar a generar.

Tengo dudas en ese paso, en cómo convertir esa reflexión personal y el mapa que se crea, en algo compartido y generador de interacción y de aprendizaje.

Compartamos nuestros PLEs (no sólo el aspecto digital), aprendiendo unos de otros, profesorado, alumnado, familias... para poder elaborar una red de aprendizaje para todo el centro... creando lo que creo que tiene que ser la escuela, una COMUNIDAD DE APRENDIZAJE.

¡¡El curso que viene nos ponemos a ello!!